Biblioteca Ayacucho DigitalEfemérides AyacuchoNoticias Ayacucho

Sucre es un héroe mártir y el más virtuoso de los generales del Libertador Simón Bolívar.

El 4 de junio de 1830 fue perpetrado el vil asesinato del Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, crimen que acabó con la vida del sucesor político del Libertador Simón Bolívar, motivado para impedir que dirigiera los destinos de la República de Colombia y derrumbar la unidad de la Patria Grande.

Instalado el Congreso Constituyente en Bogotá y sancionada la nueva Constitución de Colombia, el Libertador renunciaba a la Presidencia el 4 de mayo. Mientras, en Venezuela, se vivía un clima de conflicto y Sucre marchaba en comisión para entablar negociaciones de paz con el Gobierno de Páez. Pero rechazado, se le prohíbe entrar en su patria y las conferencias se realizaron en Cúcuta. Ya las intrigas y las traiciones se han encendido contra Bolívar. Y el 8 de mayo, sin poder despedirse, ambos héroes abandonan Bogotá para caminar hacia la muerte.

EL CRIMEN

El Mariscal de Ayacucho salió hacia Quito por el camino de Popayán, acompañado del diputado Andrés García Trelles y un asistente, el sargento venezolano Ignacio Colmenares; el sargento Lorenzo Caicedo, asistente de Sucre, y dos arrieros que conducían las mulas. El 2 de mayo durmieron en Salto de Mayo, en la casa de José Erazo. El viernes 4 de junio salieron de La Venta, en dirección a Pasto. Quiso Sucre avanzar en día plenamente claro, para evitar atentados en la noche.

Eran cuatro los cobardes asesinos: el coronel Apolillar Morillo, quien días antes había conversado con el general José María Obando; Andrés Rodríguez y Juan Cruz, soldados peruanos, y Juan Gregorio Rodríguez, estos tres trabajaban como peones para José Erazo, uno de los principales cómplices del crimen. Los asesinos se apostaron desde la madrugada en un desfiladero, en la selva de Berruecos, donde los viajeros debían caminar uno detrás del otro.

De pronto una voz grita: “¡General Sucre!”, para identificarlo con precisión. Al voltear suenan cuatro disparos. El Mariscal exclama: “¡Ay! ¡balazo!”, y cae de la mula herido en el corazón. Todos huyen de la pavorosa escena. Caicedo corre a La Venta para pedir auxilios, pero nadie se los presta. Y corren los demás a Pasto. Sucre yacía solo y ensangrentado. Horas después su cadáver fue sepultado por Caicedo en un lugar del bosque llamado La Capilla. Hacía el año 1900, los restos de Sucre fueron localizados en la iglesia del Carmen. El presidente Eloy Alfaro, eminente bolivariano, presidió el solemne traslado de las cenizas del héroe hasta la iglesia catedral de Quito, en donde reposan en una urna de roca del Pichincha.

EL ABATIDO

Por cosas del azar, una década después José Erazo cayó prisionero en Pasto y confesó el crimen. Fueron encontrados culpables Apolinar Morillo, José Erazo y cuatro individuos más. Morillo terminó sentenciado a muerte y fusilado. José María Obando, quien escapó para el Perú, ha sido señalado como el autor intelectual del asesinato, incluso por el propio Morillo.

El 1° de julio de 1830, cerca de Cartagena, el Libertador al recibir la terrible noticia exclamó: “¡Santo Dios! ¡Han matado al Abel de Colombia!”.

Por su parte, Mariana Carcelén, cumplido el primer año de la muerte de Sucre, contrajo matrimonio con el general Isidoro Barriga, quien había sido su subalterno. La hija del Mariscal, Teresita, murió trágicamente al caer de un balcón, cuando Barriga jugaba con ella.

Por su abnegado patriotismo, probidad y genio, Sucre será un héroe mártir perenne y el más virtuoso de los generales del Libertador Simón Bolívar.

Texto / Félix Alberto Ojeda

Un comentario en “Sucre es un héroe mártir y el más virtuoso de los generales del Libertador Simón Bolívar.

  1. Me parece que la nota editorial acarrea ciertos achaques o antigualla. Me refiero que lo que sobrevive de la obra de Sucre, el aliciente que arroja sobre nuestras humanidades como numen irrevocable de nuestro pasado, que compensa la fugacidad de nuestro presente y nos conforta de las vanidades del devenir no es únicamente lo sucedido en la selva de Berruecos .
    La nota goza de características trágicas, y desarrolla copiosamente las intrigas y triquiñuelas que indican los culpables de la muerte de nuestro Gran Mariscal de Ayacucho. Por otro lado no reluce en ninguna parte de los contenidos reflexión o idea alguna del pensamiento y obras de un gran hombre de nuestra América. No quiero hacer de mi comentario una sentencia historiográfica, más si reflexiva, porque veo -en muchos casos- la abrupta reducción que hacemos de la vida y obra de Sucre para detenernos exclusivamente en la conspiración y en el modo como lo mataron. Nuestra tradición en gran medida, tiende a levantar una estatua sobre el tema de la traición que padeció. Me inquieta pensar que ello no nos permita ver con claridad, la idea de Justicia que embargaba el ideario y el corazón de nuestro héroe. Aquí remito un lacónico análisis, tal vez olvidado pero certero de nuestro egregio historiador Augusto Mijares sobre la solemne frase que Sucre emitió tras la victoria de Tarqui, llegada las negociaciones con el general perdedor que reza: “nuestra Justicia -la Justicia de América- era la misma antes que después de la batalla”. Ante la magnitud del tal pensar Mijares se expresa así:
    “Pero, como he dicho, esa ley que el más puro de los libertadores dicta a nuestras Repúblicas emergentes como una consagración tutelar de la inviolabilidad de las fronteras, tiene además un sentido universal y filosófico que es quizás más admirable que su misma significación política.”
    Saludos, siempre dispuesto….

Los comentarios están cerrados.