15.05.2017
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18 de mayo de 1895. Nace Augusto César Sandino, dirigente guerrillero nicaragüense.

Trabajando como peón, como tornero mecánico, como cuadrillero de limpieza urbana, como artesano, como obrero agrícola, había llegado por fin a México junto con otros muchos jóvenes latinoamericanos que iban en busca de mejor fortuna, y en el año de 1926, precisamente aquel en que los marinos volverían a desembarcar en su país para intervenir a favor de los conservadores en la guerra civil, estaba sentado en algún lugar público de la bulliciosa ciudad que era el Tampico del petróleo, de las doctrinas anarcosindicalistas, del socialismo galopante de la revolución bolchevique, del agrarismo mexicano de Zapata, conversando con amigos estibadores y petroleros, y teniendo el periódico del día sobre la mesa, este muchacho nicaragüense había dicho que la situación de su país lo estaba haciendo seriamente pensar en regresar para empuñar las armas en contra de la intervención. Y como en el curso de sus años de trabajador había ahorrado algún dinero, tomó parte de esos ahorros y con ellos decidió financiar el inicio de una resistencia armada contra la ocupación de Nicaragua, a donde llegó de regreso el 1º de junio de 1926.

 

Augusto César Sandino había nacido el 18 de mayo de 1895, en ese pequeño pueblo de Niquinohomo, formado por chozas de paja y lodo, de campesinos que trabajan como peones agrícolas en las plantaciones de café, región también de maizales, tabacales y platanares, localizada en el departamento de Masaya, el más densamente poblado de la república.

 

Las angustias, pobrezas y privaciones que forman la infancia de Sandino, serían las mismas que en la sociedad nicaragüense de tintes feudales y patriarcales, debían sufrir los campesinos, hijos naturales de acomodados, sobre todo cuando, como en el caso de don Gregorio, el padre, se casara con otra mujer de la misma condición, y los hijos fuera del matrimonio, al ser recibidos en última instancia en la casa paterna, que también sería el caso de Sandino, estaban en la obligación de trabajar duro en distintos menesteres para retribuir su propio sustento; al sentarse a comer, estos hijos naturales debían hacerlo en la cocina, segregados de los hijos legítimos, de quienes debían usar también la ropa vieja.

 

Luego de dejar Honduras en el año de 1923 y trabajar en Guatemala y México, regresa a Nicaragua y se dirige a la mina de San Albino, también de propiedad norteamericana, situada en la región norte de Nicaragua y en las vecindades de lo que más tarde sería el teatro de la guerra sandinista; allí se empleó y comenzó a realizar una labor de proselitismo entre los mineros, a favor de la causa nacionalista. Metido en una guerra civil tradicional, Sandino aparecía como un general del pueblo, que lejos de rehuir la lucha, participaba en ella brazo a brazo con los soldados de su columna, que multitudinaria pero disciplinadamente andaba tras él y tras la bandera enarbolada desde entonces en sus filas de colores rojo y negro, con la inscripción Libertad o Muerte. De este honorable militante de la resistencia nicaragüense Biblioteca Ayacucho ha publicado Pensamiento político, volumen 134 de la Colección Clásica.

 
 
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