02.03.2007
Autor:

 

Marta Traba: Mirar en América, mirar el arte y la cultura.

Odalís G. Pérez


(Doctor en filosofía por la Universidad Carolina de Praga y Catedrático de la Universidad Autónoma de Santo Domingo UASD.)

El nombre de Marta Traba en la crítica de la cultura, del arte y de la literatura de América, es ya una representación y un camino que fija su sentido y universo en el saber sobre el hombre y el espacio de la América continental. No podemos estudiar hoy la producción ideológica y simbólica de lo que se ha llamado Latinoamérica, sin tener como testimonio su legado, esto es, su vida y obra en el marco de estudio, crítica y solidaridad en la palabra y la presencia del sujeto real y posible de la creación artística y cultural. Marta Traba nació en Buenos Aires, Argentina, el 25 de enero de 1930 y falleció en un accidente aéreo en Madrid, España, el 27 de noviembre de 1983. Su travesía intelectual ha hecho posible que su vida y obra ejemplares sean recordadas y presentificadas en este libro titulado Mirar en América, publicado por la Fundación Biblioteca Ayacucho y cuya referencia es la siguiente: Marta Traba: Mirar en América, Eds. Fundación Biblioteca Ayacucho, Caracas, Col. Clásica, Nº 218, 2005, 431 páginas.
La cuidada edición de la Fundación Biblioteca Ayacucho es una selección antológica de los mejores y más representativos trabajos de Marta Traba producidos hasta su muerte. La misma ha sido hecha bajo la selección, prólogo, cronología y bibliografía de la investigadora y profesora chilena Ana Pizarro y la presentación del poeta, ensayista y crítico de arte colombiano Juan Gustavo Cobo Borda.
La bella portada consta de un detalle de la obra Torocóndor (1959) del artista colombiano Alejandro Obregón (1920-1992), y el mismo fue tomado del Catálogo titulado Obra Maestras 1941-1991, que forma parte del Catálogo de Exposición en Caracas, del 29 de agosto al 6 de octubre de 1991, datos estos referidos en la edición en cuestión.
El valor de esta edición se hace visible en el rigor informativo y en la selección de textos ubicados en el orden que presenta la misma, y que da cuenta de manera diasincrónica de lo que fue la actividad significativa de Marta Traba para la cultura de América. Vida y obra de esta notable, atrevida y rigurosa investigadora e intelectual, se presentan en esta edición como un ejemplo de talento, ciencia, creatividad y sobre todo deber y compromiso con un espacio artístico, intelectual y cultural complejo, lleno de sorpresas en su proceso confirmativo y en sus grietas.
Mirar en América es entonces un recorrido y a la vez un compromiso con la cultura, el arte y el sujeto de toda la América latina y el Caribe. Pero aún más, lo que revela esta reunión de ensayos coherentemente llevada a cabo, es la unidad de un pensamiento cultural y una concepción del arte, la cultura y la creación cultural desde una perspectiva y una representación formativa e histórico-crítica, asumida por una mujer que vivió y participó desde la teoría, la crítica y la historia en dicho proceso intelectual y creacional.
En efecto, la investigadora y estudiosa Marta Traba enriqueció y fortaleció la bibliografía crítica de y sobre el arte de América, a partir de… una visión que tuvo presente las siguientes instancias de base: la cultura, el creador, la obra, el receptor, el lenguaje y los contextos de la producción artística y simbólica. A través de estudios como Artes plásticas latinoamericanas: la tradición de lo nacional, (pp.3-36), La cultura de la resistencia (pp.37-57), Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas, (1950-1970) (pp.58-131), y Mirar en Caracas (pp.208-219), entre otros, Marta Traba nos informa y precisa desde la crítica de arte y, como contexto desde la crítica cultural, todo un funcionamiento estético, histórico, teórico e historiográfico sobre el producto, el sujeto y la productividad de arte en América, siendo así que la visión democrática y a la vez comprometida de la autora, cobra cada vez más valor cuando enjuicia obra artística y sociedad en conjunto y particularidad.
La lectura de nuestra autora es necesariamente una lectura comprensiva, contextual y productiva, donde el arte, a su modo de ver construye y democratiza lo sensible y lo visible desde la crítica a lo real. Según Marta Traba:
 “A partir de las guerras de la independencia, el tema número uno
 del continente ha sido el de la dependencia. Bien sea denunciándola 
 o considerándola favorable, cambiando su nombre
 por “condicionamiento”, “esclavitud” o  “asociación”  con otras potencias”,   según obedezca a uno u otro punto de vista; combatiéndola
 de modo directo, frontal  o tangencial; permaneciendo indiferente a
 ella pero sintiendo su acoso, no ha dejado de gravitar un día sobre
 nosotros.”(ver, op. cit, p.37).
Es importante entender que en “La Cultura de la resistencia” existe una visión de libertad: 
 “La obstinación de la cultura por perforar el problema de la dependencia
 parte, desde luego, de la confianza de vencerla y superarla,
 y de la certidumbre de que, dentro de ella, nunca se podrá aspirar
 a las formas modernas de la libertad” (loc. cit.)
La episteme crítica de nuestra autora se expresa en el siguiente fragmento, significativo para su trazado posicional, y que explica lo que podría ser el movimiento específico de una visión intelectual y sociocultural:
 “Los modos de quebrar   la dependencia han pasado genéricamente,
 de una emotiva fe en que rompiéndola parte a parte, en
 sus detalles, en sus zonas diferentes de acción , dentro de un frente
 múltiple de avance contra ella, se podía finalmente, liquidarla. Pero,  
 como es sabido, en los últimos años un proyecto global ha
 barrido las ilusiones particulares y se ha logrado relativa
 unanimidad sobre la idea de que únicamente será destruida
 si se produce el cambio de estructura, es decir, la
 transformación radical de la sociedad capitalista  en  sociedad
 socialista, de matiz múltiple y a veces, como lo corrobora
 la historia más  reciente, inesperado”(Ibídem.).
El marco de estudio intelectual se pronuncia en una historia de la oposición dependencia- independencia artística y cultural, en el caso de la América continental, y desde lo que la autora llama la cultura de la resistencia:
 “Los escritores y artistas fueron siempre especialmente receptivos
 al problema de la dependencia, a pesar de que ahora se tienda
 a desmonetizar y a minimizar su influencia. Es claro que solamente
 sobre la base de considerar que la palabra escrita, el pensamiento
 emitido o la obra de arte expresada, constituyen una forma
 especial de poder dentro del grupo social al encarnar las aspiraciones
 de dicho grupo, vale la pena hablar de un papel en el problema
 de la dependencia.(pp.37-38).
La historia, la crítica, la historiografía y la sociología de las formas culturales que destaca y pronuncia Marta Traba en su vehemente pero incisiva y puntual escritura crítica, nos conduce a entender un marco simbólico, productivo y contextual propio de una definición y explicación del arte, la cultura y la historia intelectual de la América continental. De allí el siguiente posicionamiento diacrónico y teórico-crítico:
 “Por una parte, era preciso que el artista latinoamericano
 aprendiera a hablar en un idioma correspondiente a su
 tiempo; por otra parte, ese idioma lo separaba cada vez más de su
 situación particular, de las emergencias de dicha situación
 y de sus compromisos con el medio. Cuando se planteó una
 tajante liquidación de la dependencia a través de cortes radicales
 con la cultura y el lenguaje modernos, tal solución no
 dio más que resultados inválidos para el arte y la literatura.
 Me refiero a la ilusoria destrucción de la dependencia por
 vía de negar la cultura del siglo XX así como el lenguaje
 propuesto por dicha cultura, llegando a posiciones estáticas y
 conservadoras, cuando no arcaizantes, como fueron indigenismos,
 nativismos y también nacionalismos de todo pelaje,
 a la cabeza de los cuales se situó vigorosamente el nacionalismo
 pictórico mexicano.” (p.39).
Esta precisión de tipo diasincrónico conduce a la necesaria afirmación que desde la crítica de las ideas y de la cultura, constituye la base para un análisis más ampliado y sostenido:
 “La salida negativa constituyó una nueva forma de
 dependencia, no a las culturas dominantes del siglo XX, sino a los del siglo XIX  cuando no una pura desviación del terreno creativo, como pasó
 con los indigenismos revanchistas.” (Ibídem.).
Pero todo lo anterior es importante en la medida en que la autora precisa el contexto problemático de la cultura de la resistencia como teoría propia de la cultura continental:
 “Aunque la cultura de la resistencia haya florecido en el desierto,
 el desierto no es, normalmente, un ámbito estimulante.
 Lo normal es que a la anomia social corresponda
 una anomia creativa, una debilidad constante ante las invasiones
 culturales y la docilidad mimética.”(p.41)
Desde esta precisión podemos inferir o colegir como presupuesto, el contexto de una sociología crítica del arte latinoamericano y un argumento sobre la productividad artística y cultural localizada en tiempo, espacio y recepción. Marta Traba no vacila en afirmar que:
 “Esto es lo que ha inducido a estudiosos de muy diversa extracción
 a ver a América Latina como un campo cultural devastado,
 exangüe, donde la dependencia ha mareado de modo irrevocable
 toda la producción creativa.”(Ibídem.)
Marta Traba  se refiere a estudiosos como Darcy Ribero, Augusto Salazar Bondy, Edmundo Desnoes, y Jorge Romero Brest, entre otros. Sin embargo, nuestra autora también critica la negación de posibilidades de independencia como lo hacen otros estudiosos de América Latina:
 “Sin embargo, esto no es cierto: negar drásticamente, como
 la hacen Vasconi o Dos Santos, la posibilidad de una independencia
 parcial para la cultura, significa ubicarla al lado
 de la economía o la política, en una relación mecánica de causa
 a efecto que no le corresponde.”(Ibídem.).
Saludable resulta, y esto adquiere valor en la presente edición, el planteo teórico-crítico desde una perspectiva transformadora y explicativa de un proceso diasincrónico de la interpretación y la comprensión del arte, el artista y la sociedad-cultura latinoamericana:
 “La explicación de la obra de arte como un hecho específico
 que configura una tarea especializada, ontológicamente diferente
 a otras, parece tan obsoleta en los países desarrollados como
 apremiante en Latinoamérica. En los últimos años, a medida
 que un saludable proceso de politización sacudía más violentamente
 que nunca las nociones de dependencia, se ha hecho
 visible ese recrudecimiento de la reducción de la obra de arte
 a mensaje indiferenciado. También por eso se explica la persistencia
 obsesiva, por parte de artistas y escritores, en
 defender la naturaleza peculiar de la obra de arte. Defensa,
 compulsión y remordimiento alteran y pervierten la relación
 entre artista y sociedad latinoamericana.”(p.43)
A través de la lectura de obras y autores, a través de un estudio genético y sociocrítico de las estructuras y formaciones artísticas latinoamericanas y caribeñas, la estudiosa argentino-colombiana analiza la tensión cultura de la resistencia-estética del deterioro, a partir de un estudio de formas internas, contextos socioculturales y socioartísticos que revelan tanto un orden, como un des-orden y un contra-orden estético-cultural en la travesía creacional de la América Continental.
Los estudios de Marta Traba han constituido una historia crítica y una teoría del arte latinoamericano a través de una cardinal que supera la oposición nacionalismo/ universalismo. Para nuestra autora, la productividad artística de la América Continental está marcada por la diferencia cultural y por la superación de una visión causalista y finalista de la estética, la teoría y la historia de los productos y creadores artísticos.
De lo que da cuenta Marta Traba es de los procesos de producción de las obras de arte, sus contextos de expresión y particularización de lo artístico en la geografía sociocultural de América. La lectura y comprensión del fenómeno artístico, estético y sociocultural latinoamericano, ha sido para la investigadora argentino-colombiana un espacio atravesado por los signos, miradas y tiempos de una crisis de identidad y multiplicidad, de un archivo y un movimiento cultural cuya raíz fija sus marcos, huellas y visiones en el orden sociocomunicativo y sociohistórico de las representaciones.
Mirar en América es para Marta Traba mirar un conjunto artístico y cultural en su generalidad y singularidad.
A propósito de la mirada y el “mirar” de Marta Traba, la profesora e investigadora chilena Ana Pizarro, nos dice en el estudio introductorio a la edición de este libro lo siguiente:
 “Habiéndose preocupado de “Mirar” en distintos lugares
 y países de América Latina en donde residió o por donde pasó,
 varios de ellos, son en su experiencia, expresiones, decisivos. Por
 una parte Caracas, por la vitalidad que tiene en esa
 ciudad la cultura visual, más allá de su participación
 institucionalmente marginal. Bogotá en donde realiza
 una labor impresionante de catalizador intelectual al dirigir
 el Museo de Arte Moderno de Bogotá y liderar la discusión
 crítica en artes visuales durante algunos años. También Nicaragua
 le permite desarrollar su mirada. Más allá de toda esta
 labor en diferentes lugares, me parece que la experiencia
 de Puerto Rico es decisiva por el especial carácter del país, para
 que ella consolidara conceptualizaciones sobre la situación
 de la producción cultural latinoamericana.” (pp. XXII-XXIII)
Según nos dice Ana Pizarro en su prólogo a Mirar en América, Marta Traba era una crítico-juez en el sentido de emitir su doxa intelectual. Pero lo que hacía de ella un crítico-juez era su valentía, vehemencia y tipo de mediación en el debate crítico-cultural:
 “Su compromiso intelectual era un compromiso no con una postura
 ideológica. Contrariamente a la propuesta de Bayón, Marta
 no tuvo compromiso ideológico cerrados. Tuvo posturas de acuerdo
 con los acontecimientos que iba viviendo en los años sesenta…
 que variaban y que hicieron que sectores importantes de
 la izquierda la rechazaran por ellas y sectores de la derecha la acusaran
 de izquierdista a ultranza.”(p. XXIII).
El estudio de los escritos críticos de Marta Traba, revela el foco y la cardinal de conocimiento de lo artístico en la línea de pensamiento de una estética y una poética de la resistencia y el mirar. De ahí la apreciación de Ana Pizarro a propósito de lo que hay como intuición y comprensión estético-artística en el trabajo de Marta Traba:
 “Hay, pues, en Marta Traba la obsesión por organizar
 el conocimiento respecto del continente, anotar su pluralidad,
 sistematizar sus ritmos, sus estrategias, las
 formulaciones de su lenguaje particular. Como en Rama, está
 la obsesión de enfrentar teóricamente la modernización—
 el papel de las ciudades capitales en el proceso modernizador
 será la inquietud de los últimos escritos del crítico—,
 de alertar sobre sus peligros, de no transar en absoluto con
 los parroquialismos que se le enfrentan, llámense indigenismo,
 costumbrismos, nativismos ingenuos, porque los
 enemigos de la autonomía cultural que ambos críticos se esfuerzan
 en explicar y que propulsan como tarea, están, dice
 Marta, fuera y dentro de nuestras sociedades: son la penetración
 tanto como la satelización local, pero también los nativismos.”
 (pp. XXXI-XXXII).
Juan Gustavo Cobo Borda, en su presentación de Mirar en América titulada “Marta Traba, crítica de Arte”, se refiere a ella de la siguiente y puntual manera:
 “Marta Traba, argentina-colombiana, fue entonces una
 escritora inteligente y apasionada, que dio una dura batalla,
 a todo lo largo del continente, de Buenos Aires a Washington,
 a favor del arte latinoamericano contemporáneo. Lo
 impulsó y analizó como periodista de prensa y televisión,
 como conferencista y catedrática universitaria, y como autora
 de varios volúmenes de crítica de arte, donde debe destacarse,
 en primer lugar, la energía comunicativa de un estilo
 sugerente, dotado de innegable valor literario.”(p. XLII).
Pero veremos cómo en Dos décadas vulnerables en las Artes plásticas latinoamericanas, (1950-1970), libro este aparecido en Siglo XXI, eds. 1973), la estudiosa elabora sus posiciones con respecto al arte latinoamericano situado en tiempo, espacio y recepción. Analizando el discurso de la crítica de arte dentro del contexto latinoamericano nos dice sobre la misma lo siguiente:
 “La crítica sigue maniobrando penosamente entre la catalogación,
 la descripción de obras, la monografía enumerativa
 o el aplauso incondicional o servil a los fenómenos producidos
 en el extranjero.”(p. 77).
Siguiendo la misma cardinal crítica y teórica, pero ahora a propósito del artista, nos dice de manera puntual y explicativa que:
 “En un gesto de humildad que parece casi autoflagelación
 y que es, en el fondo, una nueva manera de atraer la atención,
 el artista se borra y trata de traspasar su identidad,
 así como sus éxitos y fracasos, a la obra. Finalmente,
 para redondear la asunción de la nueva “subjetividad
 social”, comienza a reclamar la participación del
 público. Tal cual pasó con el expresionismo treinta años
 antes, no hay una sola forma de relación posible, sino
 tantas cuantos artistas modernos intentan rescatar al
 público.”(p. 78).
Crítica de arte, estudio sobre el artista latinoamericano y proceso de recepción del arte se enmarcan en la pluralidad y la diferencia. La relación entre obra de arte, artista y público son los ejes de estudio de la crítica entendida como proceso formativo e integrado de productividades y, diríamos hoy, artisticidades en contexto.
En su Mirar en América, atinado título para esta selección de trabajos, observamos que el mirar y lo mirado por Marta Traba es todo un continente, un lenguaje plural, una geografía sociocultural y artística asumida como archivo, texto, lenguaje y visibilidad. Lo que como recorrido desoculta la autora son los signos, imágenes de mundos, vertientes, sueños, resistencias, planteamientos versiones y espacios de la representación. En este sentido los nacimientos, constelaciones, temporalidades, usos ideológicos, fluencias y espaciamientos, conforman mundos individuales y experiencias propias de la América continental.
Nombres de la crítica de arte en América latina son puestos en página y análisis desde una visión crítica particularizada. Así las cosas, Mirko Lauer, Aracy Amaral, Juan Acha, Carlos Rodríguez Saavedra, Jaime Concha, Federico de Morais, Néstor García Conclini, Ferreira Gullar, Damián Bayón, Jorge Alberto Manrique, Rita Eder de Blejer, Ida Rodríguez Prampolini, Coelho Fola, Roberto Pontual, Emilio Adolfo Westphalen, Teresa del Conde y otros, caminan en el trazado crítico de Marta Traba desde la actividad analítica y la escritura-cultura de la resistencia.
Lo que analizaba la crítica eran pintores y obras, autores visuales contextualizados en una visión o tendencia que particularizaba lo figural y lo abstracto. La doxa crítica se tiende a un reconocimiento de tipo teórico-crítico:
 “En 1960 la inmensa mayoría de la pintura latinoamericana
 es totalmente abstracta; abstracta con ciertas formas, como
 Damiani, Fernando García Ponce o Galdós Rivas, Testa o
 Morales; o figurativa vergonzante, como la de los panameños
 Dutary o Trujillo, el argentino García Uriburu, el
 mexicano Enrique Echeverría.”(p. 105).
Pero a propósito de las formas abstractas y su marco teórico general, Marta Traba refiere las ideas del historiador y crítico de arte italiano Giulio Carlo Argan (Ver, p. 106), a propósito de “la rebelión dirigida contra el arte” y sobre la llamada “desaparición de la imagen”. Se hacía necesaria una visión un ver abstracto. Así, y según Marta Traba:
 “El “ver” abstracto, pues, es un modo de ver que apunta a dos
 metas: primero, restaurar la existencia de la visión individual;
 segundo, darle a esta visión un poder de * transmitirle
 las imágenes, pero sin valerse de ellas.”(Ver asterisco en p. 107,
 Edición citada).
Marta Traba insiste en su posición al respecto:
 “El hacer espiritual de la pintura abstracta procedería,
 por consiguiente, de acuerdo con estas reflexiones, de un
 individuo que rechaza la condición de hombre-masa
 que le intenta imponer la sociedad; pero, además, el
 producto resultante es distinto al que procede del juego geométrico
 practicado por el arte moderno después de la Segunda
 Guerra Mundial. La obra de arte abstracta, dice Argan, produce
 un impacto, algo inusitado, mientras que los juegos (actuales)
 provocan un “no-impacto”, algo que se da inmediatamente
 como habitual y familiar…”
 …
 Por el contrario, el arte abstracto se mantuvo en el nivel
 de la estricta emisión individual de significados. Pero el mérito
 de un artista abstracto no está únicamente en el acto de
 destruir las imágenes y sus coordenadas históricas espacio-temporales;
 esto sería un acto revolucionario, pero no también
 un acto estético.”(p. 107, parag. cit.).
La cita anterior solicita indudablemente una lectura atenta del contexto de producción teórico y crítico, no solamente en el ámbito latinoamericano, sino también en el ámbito universal. La adhesión al contenido establecido de las imágenes y a la destrucción de las mismas, actualiza la vieja polémica entre los espiritualistas y los realistas en el arte; entre los figurativistas y neofigurativistas, iconodulos e iconoclastas. Estos han marcado e influido en la tradición de las ideas y las imágenes como punto de diferencia en la historia, la teoría y la lectura de las imágenes.
Algo que se debe tomar en cuenta en esta edición de los escritos artísticos y culturales de Marta Traba, es la unidad temática de la selección. La disposición de los materiales hace viable, visible y comprensible la concepción estético-crítica de los trabajos, habida cuenta de que los mismos expresan la problemática de su momento histórico y el hilo conductor que unifica la visión del momento y la vida crítica que en el momento vivió su autora.
Es importante destacar como valor de la presente edición, el hecho de que en el orden disposicional adoptado, nuestra autora fijaba en cada intervención su posicionamiento teórico y sus trabajos permanecen con su propia fuerza, vida y sentido de realidad. La presente edición revela también a la animadora, gestora cultural que, en su trabajo y producción crítica, situó el arte de América como un proceso y una productividad contextualizados en un marco de creación artístico-cultural.
La obra de Marta Traba representa un campo intelectual variado, pero a la vez coherente de análisis, comprensión y movimiento del arte producido en los diferentes ejes geográficos y artísticos del continente americano. Algo que se destaca en la crítica propuesta en sus aportes es que la autora no abraza de manera dogmática o tendencial ningún ismo en especial, ni se aferra a uno o varios artistas representativos, ni privilegia tampoco un área o un país en particular. El criterio de independencia de la autora proporciona apertura en el juicio crítico, toda vez que su modo de ver-mirar o estudiar un producto artístico-visual revela una tensión, una alternativa y una práctica estético-cultural.
De ahí la importancia en estos momentos de esta antología de trabajos de Marta Traba, en un momento donde la lectura posmoderna del arte parece apoderarse de todo el espacio de reflexión sobre el mismo, blandiendo el látigo del desencanto estético y artístico, y desintegrando las visiones del mundo en el arte.
Lo que revela en este sentido Mirar en América es un espacio teórico, crítico e intelectual marcado por la diferencia de las visiones artísticas, culturales y estéticas de los años 30, 40, 50, 60, 70 y parte de los ochenta, pero además, revela una concepción de la vida artística, literaria e intelectual que va más allá de la época y cuya inscripción trascendente permite entender todo un trabajo histórico-crítico, sociodinámico y de fondo verdaderamente sociocultural a partir de los diversos escenarios de la producción artística e intelectual de la América Continental.

 
 
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